De policías y banquetas

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Por Diego Petersen para El Informador

 

El barrio más seguro es el habitado. Que el Centro aparezca como la zona con menos seguridad en el municipio de Guadalajara está directamente ligado con el abandono del espacio público. Las colonias donde la gente está en la calle son más seguras que aquellas donde la gente está metida en su casa, protegida por grandes muros, pero abandonada por los vecinos. Por eso, cuando hablamos de seguridad  son más importantes los vecinos que los policías; las banquetas que las patrullas.

 

En una calle viva y con relaciones entre los vecinos (eso que pomposamente llamamos tejido social) no es que no existan los malandros, pero sufren mucho más. El peor enemigo de un ladrón de autopartes o de casas habitación son los chavos que están jugando en la calle, las señoras que se salen a la baqueta a echar “chal”, la tiendita que está abierta hasta altas horas de la noche y la cenaduría que congrega parroquianos a su alrededor. En síntesis, la mejor defensa contra los delitos patrimoniales es vida de barrio, y el mejor aliado de la vida de barrio son las banquetas. Las banquetas hoy son vistas como transición entre la cochera y la calle, cuando en realidad son el punto de conexión de nuestra casa con otras casas; la extensión del parque que llega se mete hasta nuestra puerta; el punto de encuentro con la ciudad.

 

La inseguridad es más un problema de falta de habitantes que de policías. Las zonas del Centro que tienen vida nocturna son tan seguras como cualquier punto de la ciudad. El problema son esos grandes espacios destinados al comercio que de noche quedan a merced de las ratas, de dos y cuatro patas. Pero, lo mismo que le pasa a las zonas comerciales por la noche le sucede a las ciudades dormitorio por la mañana. Los famosos cotos en los suburbios de la ciudad (esos que efectivamente son “la casa de tus sueños”, pues nuca las verás de día) quedan abandonados a las ocho de la mañana en que las familias enteras salen a la ciudad y no regresan hasta la noche, cuando termina la jornada laboral.

 

Cada parte de la ciudad tiene la inseguridad que le construimos. Los cambios de uso de suelo, el abandono de las viejas colonias, la creación de nuevas y absurdas formas de vida en los suburbios, parques abandonados y banquetas oscuras y maltrechas, son todos factores que han contribuido a que perdamos la paz cotidiana. Mejorar la calidad de vida urbana no va a evitar que existan traficantes de droga, sicarios del crimen organizado o secuestradores, pero sí van a inhibir los delitos cotidianos que son, a fin de cuentas, los que  hacen que la vida en la ciudad sea más o menos llevadera.

 

Tan importante es la policía de barrio como la vida de barrio en las banquetas.

 

Vía El Informador

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