“Para los políticos, ciclovía es algo que hay que prometer pero nunca hacer”: Prometer y empobrecer, columna de Diego Petersen

Para los políticos, ciclovía es algo que hay que prometer pero nunca hacer. Es políticamente correcto decir que están a favor de una movilidad distinta, sustentable, bonita, y todos los calificativos que se le quieran agregar, pero no hay un solo político trabajando en serio en este tema. Ayer el alcalde de Guadalajara, Aristóteles Sandoval, insistió en que la ciclovía de Ávila Camacho tendrá que esperar a que pasen los Juegos para no afectar el Carril Panamericano, como si la ciclovía fuera algo que estorbara al flujo de vehículos. Cuando los vecinos le preguntaron quién iba a pagar las banquetas destrozadas por las obras de pavimentación quedó claro que nadie había pensado en ello: hay presupuesto para las calles, pero para las banquetas, ni siquiera para las que destruyen por construir calles.

Hacer que los políticos cambien de canal y dejen de ver a los peatones y a los ciclistas como una moda que hay que atender, algo de lo que hay que hablar pero no hacer, va a costar mucho trabajo. Las ciclovías y las banquetas no son un lujo, son una necesidad en una ciudad ahogada por el exceso de automóviles y la falta de planeación.
En tramos menores a seis u ocho kilómetros, la forma más eficiente de moverse es la bicicleta. Habrá quien pueda moverse en tramos de más de 10 kilómetros y aquellos para los que la bici no es ni será nunca una opción.

En una prueba de velocidad realizada hace algunas semanas decidimos contar el tiempo del trayecto de La Minerva a la Secretaría de Turismo, en la Plaza Tapatía, en transporte público, bicicleta, motocicleta y auto. Las reglas eran muy sencillas: que no fuera hora pico ni valle, para no favorecer o afectar algún sistema; no se podían violar las leyes de tránsito ni dejar el vehículo en un lugar prohibido. El trayecto se hizo a las 9:30 de la mañana con los siguientes resultados.

Quien llegó primero fue la motocicleta, con 12 minutos para todo el trayecto. El segundo lugar fue para la bicicleta, con 15 minutos; el tercero, para el conductor del automóvil con cerca de 25 minutos, y el viaje en transporte público requirió casi media hora. El más eficiente fue sin duda la motocicleta y el más ineficiente, el auto. El que enfrentó más obstáculos y riesgos fue la bicicleta y el que tuvo más incomodidades (porque tuvo que caminar por banquetas destrozadas) e incertidumbre (por los horarios) fue el transporte público.

Hacer ciclovías y banquetas no es un lujo asiático o europeo. Es una necesidad para una ciudad que no va a resolver sus problemas viales pavimentando más avenidas ni haciendo pares viales. Ambas cosas son importantes para que la ciudad actual opere, pero los que la van a sacar del marasmo son el transporte público y el alternativo.

Las excusas no resuelven los problemas; prometer tampoco.

Vía El Informador

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