Los coches para los ricos, los micros para los pobres, y las bicis para los locos: artículo de Onésimo Flores

Este video me hizo pensar en el pequeño pero creciente grupo de personas que pudiendo comprar un automóvil toma la decisión de vivir sin auto. Llamémosle moda, compromiso con el medio ambiente, ganas de hacer ejercicio, hipsterismo o simple practicidad, el hecho es que en ciertos contextos urbanos (caracterizados por ejemplo por altas densidades, usos mixtos, superficies con pocas pendientes, buen clima, déficit de estacionamientos y alta congestión), el uso de la bicicleta va en ascenso. En términos de Gladwell, el ciclismo urbano está  cada vez más cerca de alcanzar el “tipping point”, convirtiéndose en una práctica considerada normal por autoridades, automovilistas y ciudadanos en general.

 

Si bien esta posibilidad es real, lo cierto es que falta mucho para sacar al ciclismo urbano del doble nicho -geográfico y social- en que se encuentra. Vivir sin coche en una ciudad como el DF implica una de dos decisiones:  O limitas tu vida a una zona geográfica reducida (escogiendo estratégicamente la ubicación de tu vivienda, escuela y trabajo, y rezando para que nada cambie), o asumes los costos que implica vivir multi-modalmente.

La primera es una barrera geográfica, más fácilmente sorteada por quienes forman parte del sector relativamente más adinerado de la población. Es decir, si bien es cierto que el ciclismo urbano es popular en todos los grupos sociales (y dista de ser, como demuestra Andres Lajous, provincia exclusiva de “los fresas de la Condesa”), también es cierto que la población relativamente más pobre tiene menos margen para decidir con libertad la ubicación de su vivienda, su escuela y su trabajo. Habría que mirar los datos, pero supongo que su distancia promedio de viaje será mayor, y por ello moverse en bicicleta será relativamente menos atractivo. Quien viva en Tecamac y trabaje en Coapa podrá usar la bici, pero seguramente solo para el primer y último tramo de su viaje. Para los tramos más largos, estos ciudadanos tienen que utilizar un coche o el transporte público (o llegar ensopados y cansados a la chamba).

Lee el resto de la columna en Ciudad Posible.

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