Transporte público: un círculo de violencias.

Camión de la ruta 604

En las últimas semanas, tres choferes del transporte público fueron asesinados. El motivo aparente ha sido el mal servicio del transporte público y la muerte de peatones en manos de los operadores de estos camiones.

Es cierto que el servicio del transporte público en la ciudad puede ser catalogado como muy malo; los choferes manejan mal, tienen malos tratos, no respetan al peatón, no tienen educación vial, entre muchos miles de defectos más. Sí: la mayoría de quienes habitamos la ciudad sabemos todos esos defectos, pero, ¿conocemos las condiciones laborales en las que trabajan? ¿Hemos intentando en algún momento imaginarnos cómo puede ser el día a día de un operador de una de las unidades del transporte público?

Peatones y ciclistas, ¿tenemos más educación vial? ¿Cuántas muertes provocadas por automovilistas se suman día tras día en la ciudad y nunca se hacen responsables de sus acciones? Con estas preguntas no intento justificar las responsabilidades de los choferes, pero sí quiero invitar a entender y reflexionar sobre todo lo que existe detrás de un chofer, que es la punta de un iceberg, al que le toca dar la cara de una situación de violencia estructural que la mayoría no conocemos y bajo la cual nos deberíamos de plantear la pregunta: ¿quién es la víctima y quién el victimario?

Hace un tiempo tomé la ruta 622, una ruta muy concurrida y que pasa en promedio cada 5 minutos. Me senté junto al chofer y seguí cada uno de sus movimientos: manejar semejante monstruo lleno de gente, en cada parada subir y bajar pasaje, cobrar y estar atento con los vueltos; el tráfico, semáforos, peatones, ciclistas; automovilistas que cada que pueden le recuerdan a su madre. Toda una locura a cargo de una sola persona, sumando el inspector que se sube a revisarle tiempos para seguir con su ruta. En medio de esa locura, el chofer detuvo la unidad, bajó rápido y escondiéndose entre la rueda hizo pipí, después le pregunté que si no los dejaban parar al final de cada ruta a descansar un poco, ir al baño, estirar el cuerpo y me dijo que cuanto están en turno trabajan sobre tiempo y no pueden pararse a nada.

Las condiciones laborales de los trabajadores del transporte público se reflejan en la calidad del servicio que ofrecen, muestra un circulo de violencia que siempre termina afectando a quienes menos responsabilidades tienen, en primer lugar por supuesto, usuarios, peatones y ciclistas, pero tampoco se puede responder con violencia a quienes les toca trabajar en condiciones inhumanas y explotados por una mafia como la del transporte público en Guadalajara.

La violencia estructural a la que se enfrentan todos días los choferes del transporte público es como un árbol en una banqueta de las viejas calles de la ciudad; solo lo podemos ver cuando se levanta la calle o tocan los cables del alambrado público, pero las raíces de ese árbol son tan profundas que llegan hasta los aljibes y rompen las tuberías: cortando sus ramas o su tronco no solucionará el problema porque las raíces ya son muy profundas y los daños demandan acciones que ayuden a cortar de raíz.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • Conoce el Plan de Movilidad no Motorizada para la ZMG