Dicen los tapatíos, que siempre sí.

Por Felipe Reyes (@felipeno), integrante de Ciudad para Todos

Desde el 2007, organizaciones no gubernamentales jaliscienses e internacionales comenzaron la promoción para la transformación del sistema de transporte colectivo en Guadalajara.

Se plantearon ocho ejes de movilidad con el sistema de transporte masivo conocido como BRT y se inició una gestión compleja que implicaba; la modificación de rutas tradicionales, con la afección obvia a los transportistas concesionarios; la elaboración de proyectos específicos, en la que se involucraron múltiples consultorías privadas internacionales y locales así como ONG’s especializadas; y la gestión de recursos, no solo ante la federación, sino ante instancias financieras mundiales.

Para el 2009, el corredor por la Calzada Independencia sería inaugurado cuando los tres órdenes de gobierno, federal, estatal y municipal provenían de un mismo partido político y se arrancaron proyectos y gestiones para las líneas 2 y 3.

Durante las elecciones del 2009 el candidato del PRI a la alcaldía tapatía, Aristóteles Sandoval supo capitalizar la inconformidad de transportistas cuyas rutas habían sido modificadas y la de algunos usuarios afectados que ahora tendrían que pagar trasbordo tras las modificaciones. El tema se politizó innecesariamente y Aristóteles terminó ganando las elecciones de entonces.

Siendo presidente municipal rechazó la realización de la línea 2 cancelando la posibilidad de hacer uso del crédito ya gestionado para las líneas 2 y 3 y deteniendo el avance de un sistema de movilidad masiva que habría sido financieramente sustentable y escalable en la medida que fuera aumentando el flujo de usuarios.

La negativa de Aristóteles le costó a Guadalajara un retraso de al menos 3 años para la construcción de una red de transporte y fue una decisión insólita determinada únicamente por el interés político y en sentido opuesto al interés de la ciudad. Ninguna ciudad en el mundo, hasta entonces, había rechazado recursos de esa naturaleza para un proyecto de BRT terminado, gestionado y listo para realizarse.

Los meses posteriores tampoco fueron de acuerdos. Mientras los ayuntamientos de Zapopan, Tlaquepaque y Tlajomulco gestionaban recursos para proyectos de tren ligero, BRT y hasta un tranvía, el alcalde tapatío se mantuvo al margen y no logró acuerdo alguno que pusiera a caminar algo, lo que sea, en territorio tapatío.

Lo increíble es que el mismo personaje, hoy candidato al gobierno del estado, propone retomar los proyectos de BRT que el mismo canceló. Imagine usted la cara de los gestores de recursos en el Banco Mundial diciendo algo así como: dicen los tapatíos, que siempre sí.

Las propuestas en materia de transporte masivo de los candidatos a gobernador no difieren tanto entre sí: una línea de tren ligero, ya avanzada en su gestión y que seguramente sucederá gane quien gane, y 2 tristes líneas de BRT para los próximos 6 años. Muy poco, cuando a estas alturas deberíamos estar hablando de las líneas 5, 6, 7 y 8 de Macrobús y los candidatos podrían estar comprometiéndose a dejar una metrópoli completamente integrada.


Artículo vía Milenio Jalisco

Fotografías vía El mono a pie

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